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Colaboraciones

07 de agosto de 2008

El cine de Almodovar

Ascension

Articulo publicado anteriormente en la revista electronica: www.threemonkeysonline.com/es

Volver de Don Pedro de la Mancha

Autor: Ascen Arriazu

“ ?En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo?” de los de cámara en mano, arte revolucionaria y cine innovador.

No es la primera vez que Almodóvar nos sumerge en un mundo que de real, se hace increíble. Ya en sus otros trabajos nos hace viajar a los ambientes marginales que a través de sus guiones retorcidos y llenos de ese humor que tanto lo caracteriza, nos describe con todo tipo de detalles. Detalles que en muchas ocasiones le han hecho centro de los mayores escándalos. Sin ir más lejos, su película La mala educación (2004) que con un cierto toque de poesía, trata el peligroso tema de la pederastia en la iglesia católica, fue fuertemente atacada en Francia y en ciertos círculos sociales no sólo en nuestro país sino en todo el resto de Europa. Aquí se ha de añadir que el hecho de que el director se ganara la desaprobación del Partido Popular español y sus simpatizantes (a saber: prácticamente el 50% de la población), al hacer públicos unos comentarios sobre el rumor de un posible golpe de estado planeado por dicho partido en los mismos días del estreno de la película el 18 de marzo del 2004, no ayudó para nada a su presentación en los cines españoles, llevando al director a declarar que, efectivamente, a veces se siente más aceptado y más comprendido en otros países.

De todas formas Almodóvar está acostumbrado a la crítica y la luce con elegancia y sencillez en sus entrevistas y apariciones públicas. Su primera película: Luci, Pepi y Bom y otras chicas del montón (Fígaro Films, S.A. 1980) llegó a las carteleras con una fuerza arrolladora. La falta de medios económicos, se compensó con la intensa ironía del guión que atrajo incluso a los más detractores. Era la primera aparición de Alaska, la cantante mitad punk, mitad gótica, que con quince años, hizo casi vomitar a los padres y los abuelos de la época, en una España recién salida de la opresión de la dictadura, y poco acostumbrada a excesos como el de la meada sobre el ama de casa masoquista (Eva Silva/Ana Curra) que, por cierto, hizo volver la cara en disgusto a más de uno.

Como ya es bien sabido, en los Oscares del 2007, El laberinto del Fauno de Guillermo del Toro, acaparó merecidamente la atención que muchos creían caería de nuevo en la producción del director manchego. Volver por lo tanto no ha conseguido el tercer Oscar para su creador, (el primero le fue concedido a la Mejor Película Extranjera por Todo sobre mi madre, en el año 2000, y el segundo al Mejor Guión Original por Hable con ella en el 2003, película esta última que fue en su día nominada para 7 premios de la Academia, incluyendo el de Mejor Director y Mejor Película). Pero Volver no llega y se marcha modestamente. Desde su estreno el 17 de marzo del 2006 ha conseguido el Premio a la Mejor Película del Año en Lengua Extranjera concedido por la crítica de Londres el 9 de febrero del 2007 y 5 premios Goya entre otros.

La película ha sido ya distribuida en DVD en todo el mundo, para poder disfrutarla con detalle, para rebobinar y volver a ver una y otra vez las escenas que nos saben a poco; para deleitarnos en el calorcito del sofá de los tantos detalles, como siempre tan meticulosamente cuidados por Pedro. Volver también ha dado el empujoncito final hacia la cumbre del séptimo arte a la ya exitosa Penélope Cruz. En España y en el extranjero, todos miran con admiración a la morena que el arte del director, junto con esa relación tan particular que existe entre ellos y el talento de la ya experimentadísima actriz, ha llevado hasta los más importantes premios del cine. Gracias a este trabajo, Penélope desfila con elegancia a lo largo de la famosa alfombra roja de Hollywood. En los programas del corazón de las cadenas de televisión españolas se critica con avidez su mala elección de vestuario, pero la verdad es que ella brilla exuberantemente, como una más de las muchas estrellas del celuloide que se exhiben durante esos días en la gran capital del cine. Su imagen es mucho más sofisticada que la de Raimunda, la maruja de Vallecas de culo grande (la actriz luce un trasero postizo) y moño despeinado, que protagoniza la película de Pedro. La misma Penélope ha declarado que esta interpretación la ha hecho sentirse realizada en su carrera, que reconoce haber llegado a lo más alto de la misma y que Almodóvar es su director favorito. Con Volver se ha convertido en la primera española en obtener la candidatura al Oscar a la Mejor Actriz compitiendo con nombres como Judi Dench, Helen Mirren, Meryl Streep y Kate Winslet. No hace falta decir que está única en su papel de la madre que lucha contra todo por defender a su hija y salir adelante. De nuevo un estereotipo de la sociedad de hoy en día que Pedro analiza hasta la médula, trayéndonos en los ojos de la actriz el dolor de un terrible secreto, la determinación de una luchadora, el rencor de una hija engañada. Estrella Morente presta su voz para la inigualable interpretación de la canción que da nombre a la película, acompañada a la guitarra por Montoyita. Y el espectador cae engañado en la creencia de que Cruz no sólo actúa sino que también canta, en un play back en el que la verdadera protagonista es la belleza casi vulgar de Raimunda. Por dentro es Dulcinea, por fuera la toscamente bella Aldonza del Toboso.

Personalmente tuve la suerte de llegar a ver la película el último día de su muestra en Londres, en el centro de la gran capital, en el característico Covent Garden. ¡Qué impresión el salir de las calles vacías y frías del pueblo manchego al barullo de las avenidas de los grandes teatros y discotecas de la capital! ¡Qué desesperante contraste el hablar divertido y alborotado de los protagonistas frente al moderado acento británico de los asistentes a la proyección! Pero una vez más, Almodóvar me deja con la duda de si será capaz de superarse a sí mismo en su próximo trabajo. Duda que surge en mí cada vez que veo una nueva producción suya. Me pasó con Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987) donde la naturalidad postiza de Carmen Maura me fascinó desde la primera escena; con Tacones lejanos (1990) en la que un Miguel Bosé casi irreconocible me puso la carne de gallina en la atrevida escena del camerino; con Kika (1993) y la escena de la interminable violación, en la que debo confesar que odié al director. Me disgustó tanto su humor satírico y su, para mí, falta de respeto por las mujeres, que me prometí no volver a ver ninguna más de sus películas. Promesa que no duró mucho. La rompí con el estreno de La flor de mi secreto, (1995) y volví a ser fiel a mi también favorito director con Todo sobre mi madre, Hable con ella y La mala educación. Una y otra vez, me hipnotizó con sus retratos de la mujer abandonada y desesperada, la madre que pierde al hijo en el fatídico accidente de tráfico, el enfermero que, de nuevo ofendiendo mi sensibilidad de feminista dedicada, se enamora de la joven a la que asiste y finalmente viola.

Mi intención, por supuesto, era conseguir una entrevista con Pedro, pero me dicen que está demasiado ocupado, que está totalmente concentrado en su próximo guión. Mi curiosidad puede más que mi discreción y se me ocurre que quizás me pudiera hablar de sus próximos proyectos, pero he de conformarme con sumergirme en su mundo de sueños, de recuerdos, de fantasmas. Hablando de fantasmas, es uno el protagonista de la película: el de la madre, por cierto increíblemente interpretado por una Carmen Maura apagada por las canas y el mal color, suavizada por las arrugas que, según confiesa, no son postizas, el maquillaje ha consistido tan solo en un poco de agua y jabón. Por un instante se me ocurre que la reaparición del ser querido que ya se ha marchado me recuerda a las novelas latinoamericanas, a Como agua para chocolate de Laura Esquivel o a La casa de los espíritus de Isabel Allende. ?¡Pero este no es ciertamente su estilo!?, pienso, y es que el curioso fantasma de Volver, que tan originalmente aparece en el capó del coche, llega con más de una sorpresa en la maleta. ¿Una madre que vuelve a cuidar de su hija? Demasiado sabor a realidad mágica latina. Demasiado lejano al estilo humorístico y crítico del director. Demasiado apartado de sus escenas melodramáticas a las que ya nos tiene acostumbrados. Pienso que quizás esta vez Pedro nos sorprenda y se aventure a tratar ese toque sobrenatural tan característico del otro lado del charco. Pero conforme se desarrolla la trama, me preparo para recibir la sorpresa final, el misterio que los personajes tan bien saben guardar hasta el último momento.

Volver es simplemente eso: el regreso a La Mancha, a la tierra querida donde las mujeres visten aún el negro del luto, donde los muertos se velan en la mejor y más acogedora habitación de la casa, donde el vecino es un miembro más de la familia y el pueblo, la comunidad unida de siempre. Almodóvar con este último trabajo vuelve a casa, a su tierra de la que en realidad es como si nunca hubiera salido. La lleva en el corazón; en el alma de los personajes de todos sus trabajos, en los colores de su fotografía inyectados de la pasión rural del cineasta.

Volver nos deleita con unos personajes casi cómicos por reales: con Agustina (Blanca Portillo), la pueblerina olvidada que se ha quedado en la casa familiar esperando a una madre que no volverá nunca y sumida en la tontera del fumar porros en cadena, muestra inconfundible del humor inmutable del director. ¿Humor típico de Almodóvar o realidad escondida de los pueblos de la meseta castellana que han quedado quietos, olvidados por el progreso, retrasados? No puedo evitar recordar a los viejos sentados en el banco de la plaza en Flores de otro mundo de Icíar Bollaín, mientras comentan la largura de las piernas de la cubana que llega de “un lugar desconocido” perturbando la paz de la aldea. Guardianes incansables del decoro y las costumbres, se convierten sin saberlo, en verdugos de la modernidad y el progreso, en protagonistas involuntarios del conflicto entre ruralismo y urbanismo. El coche de Sole deja atrás el campo y atravesando la frontera imaginaria marcada por los molinos de energía eólica, sustitutos esbeltos de aquellos contra los que luchó el famoso hidalgo, vuelve a la vida ajetreada y absurdamente real de la capital. La silueta de estos molinos, aparece en pantalla cada vez que el mundo activo y vivo de la ciudad da paso a la vida tranquila y muerta del pueblo. Urbanización contra ruralismo; el pasado y el presente; dos realidades, dos dimensiones que se entremezclan en las vidas de las protagonistas, que se enlazan en una constante repetitiva de idas y venidas, desvelando la personalidad de cada una, encerrando los secretos y las verdades a voces del pueblo. Ya en La flor de mi secreto, Almodóvar enfrentaba los dos mundos: la paz de la aldea, con el caos de la ciudad, reflejados al mismo tiempo en la confusión interna de la protagonista y la calma recuperada al sentirse una más de las mujeres sentadas a la puerta de la casa familiar. “La luz del sol centellea; las flores dan sus perfumes; sus rumores la arboleda?” recitaba la madre de Leo Macías en la escena del regreso al pueblo. (Poema: Mi aldea escrito por la madre del director).

En el universo Almodóvar, los recursos se repiten, el uso de los molinos como símbolo del cambio de mundos, lo apreciábamos ya con otros elementos pero con similares resultados en sus otros trabajos. En Todo sobre mi madre el edificio de La Sagrada Familia de Barcelona nos anunciaba no sólo la llegada a la ciudad en esa huída de Madrid tras la muerte del hijo, sino el inconformismo expresado a lo largo de toda la proyección donde, la sagrada unidad familiar española, el venerado patriarcado nacional, se abandona descaradamente en un mundo en el que los dos padres que aparecen, han perdido todo vestigio de su original masculinidad y las madres son las que deciden y luchan por los hijos, actúan sabia o equivocadamente por ellos y disponen por los hombres que han dejado ya de serlo o que aún no lo son. El color de la fotografía que nos daba en los ojos de lleno en los escenarios de Tacones lejanos, La flor de mi secreto o Kika entre otras, llega de nuevo arrasando. En la escena del papel de cocina impregnado de sangre, por ejemplo, con los detalles de las líneas de los dibujos del papel, se adivina la ironía de la similitud con ciertos anuncios de la televisión en los que dos señoras nos muestran con deleite una, con envidia la otra, la absorción de dos marcas diferentes. Almodóvar fue más directo en su burla a este tipo de publicidad con el anuncio en el que Carmen Maura interpretaba a la madre del asesino de Vallecas en Mujeres al borde de un ataque de nervios. El color destaca en los vestidos de las mujeres, en el decorado de las casas, y se enfatiza aún más al colocarlo intrusivamente entre los ropajes tristes que visten las mujeres que rodean a Sole en la escena del velatorio de la tía muerta. Todas bailan en un marco de cabezas en negro, en una danza de contrastes, el ruralismo envolviendo a la civilización aturdida ante las supersticiones y las costumbres de siempre.

Los exteriores de Volver están filmados en Almagro que se ve aquí desnudo, sin los adornos de los muchos actores y aficionados a la escena que lo visitan durante el prestigioso Festival Internacional de Teatro por el que es tan conocido. Pero se podría decir que sus habitantes llevan la farándula en las venas, son como los protagonistas de las tragedias griegas, estereotipos en carne y hueso de las leyendas que encierran las casas, tras las rejas de hierro forjado que enmarcan las ventanas, tras el blanco inmaculado de las fachadas. Cada mujer es como una de aquellas heroínas clásicas, Antígonas, Fedras y Perséfones con un destino marcado: la niña que no sabe quien es su padre y que sólo por medio del asesinato se librará de correr el mismo destino que la madre, que a su vez, no puede entender a la abuela quien también guarda un terrible secreto manchado de sangre. Son personajes posibles, sin exageraciones u ornamentos estrafalarios, de tan reales resultan casi ficticios. Programas televisivos como Gente, ¿Quien lo ha visto? o Por la mañana, narran cada día episodios que parecen aún más teatrales que los narrados en la película.

Pero, ¿No sigue también un fatídico destino el cine de Almodóvar? ¿No está para siempre condenado a ser meticulosamente analizado, acusado, defendido, discutido y muchas veces rechazado en un sinfín de crueles estudios, comparaciones y escrutinios? Recuerdo cuando siendo muy joven, comencé a oír hablar de la vulgaridad y la falsedad reflejadas en la sociedad dibujada en Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón. Los primeros experimentos con las drogas, el sexo, la aparente apatía intelectual y política, que según los más tradicionales críticos, solo servían para dar al extranjero una imagen falsa de la sociedad española de la época. ¡Cuál no sería mi asombro cuando al verla de nuevo algunos años más tarde, yo, la pobre nena ingenua educada en colegio de monjas, me sentí reflejada en algunas de las escenas de la película! El mundo de música, inhibición sexual, homosexualismo, no existía solamente en la pantalla, era una descripción irónica de la vida de los ochenta en las ciudades españolas. Desde entonces el director ha sido criticado dentro y admirado fuera, adorado y odiado al mismo tiempo, pero nadie puede decir que no se haya sentido en uno u otro momento atraído por sus escenas, sus cuidados detalles y el carisma de sus personajes. Pedro es en realidad un escritor, no un director. En una entrevista para la BBC británica (All about desire), dice que un buen director es ?un pintor, escritor, músico, amante, cantante, sex symbol, arquitecto primer ministro y dictador frustrado?. Planea escribir algún día una novela. Hasta entonces podemos disfrutar de sus palabras mediante los guiones publicados de sus películas. También tiene algunos relatos cortos como ?La ceremonia del espejo? publicado en el País Semanal el domingo 26 de julio del 1998 o el libro ?Almodóvar on Almodóvar? publicado en Londres y Boston por Faber & Faber en 1996. Sus guiones se desarrollan lentamente, con sorpresas acurrucadas tras cada esquina de la trama. Sus películas necesitan ser vistas más de una vez para poder asimilar la complicidad de las frases, la profundidad de las aparentemente frívolas bromas de los actores. Sus personajes han retratado casi todas las caras de la sociedad de finales del siglo pasado y principios de éste: la lesbiana quinceañera, la mujer maltratada, la masoquista frustrada, el homosexual, el joven reprimido, la amante despechada, la puta amable, el transexual en lucha por ser considerado mujer, el tímido peligroso, el niño víctima de abusos sexuales, el cura o el dentista pederasta, el chapero, el policía corrupto? Aunque sus personajes masculinos no tienen nada de sencillos o poco trabajados, su representación de la mujer es quizás más extensa y apoyándose en el multiculturalismo que tan bien utiliza, ha representado a la mujer fatal, a la madre entregada, a la adolescente rebelde, a cada mujer y a las cientos de distintas mujeres que se encierran en cada una de nosotras. Es un observador meticuloso, se inspira en sus películas favoritas y en sus ídolos de la pantalla cuyas fotografías coleccionaba con sumo cuidado de pequeño. Tras sus narraciones se esconden el cine negro y los melodramas americanos, las comedias de los cincuenta, las tragedias costumbristas italianas y la omnipresente imagen de su madre, soga que lo ata a la realidad y a sus raíces. En su trabajo no deja nada al azar, todo dice algo, todo tiene doble sentido, el cine es para él el espejo del mundo. No teme repetir escenas, argumentos, volver a temas ya tratados y desarrollarlos más sofisticadamente. Algunos de sus personajes nos recuerdan excesivamente a otros ya vistos en trabajos previos. Y algunas de las escenas nos hacen preguntarnos sobre las similitudes entre la fantasía y los recuerdos del director. Usa experiencias personales pero las distribuye entre los diferentes personajes que nacen de su pluma. Condena lo que le disgusta (sin duda la pederastia y la falta de libertad), ridiculiza lo que no le gusta (los reality shows de televisión, sin ir mas lejos) y promociona los asuntos que valora (la donación de órganos, la comprensión para los enfermos de SIDA).

Sin duda el ilustre hidalgo manchego nos sorprenderá de nuevo en sus futuros trabajos, con sus historias locas de siempre, reales como nunca, quizás con una novela. Quien sabe si algún día alguien dirá de él como Cervantes de su Quijote:

“Yace aquí el hidalgo fuerte

que a tanto extremo llegó

de valiente, que se advierte

que la muerte no triunfó

de su vida con su muerte.

Tuvo a todo el mundo en poco;

fue el espantajo y el coco

del mundo, en tal coyuntura,

que acreditó su ventura,

morir cuerdo y vivir loco”

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